Mi ejemplar: mi mamá


Entrevista a Rosa Pérez Charris

Mi ejemplar: mi mamá
                                                                     Por María José Barros Pérez

Se veía magníficamente esplendida. En toda la tarde no la había visto, ya extrañaba escuchar su voz gruesa pero delicada, sus regaños por no ayudarle en la casa, su rostro que me recordaba una y mil veces lo hermosa que es, y que me hacía preguntarme si a su edad, yo iba ser igual; pero el momento llegó, allí estaba ella, sabía que debía hacerle esas preguntas, al día siguiente volvería a la ciudad y no sabía en cuanto tiempo la volvería a ver. Eran aproximadamente las diez de la noche y con esa mirada tierna y esa sonrisa arrolladora la vi reposada en su lecho. Yo, como siempre llegue con mi actitud de viernes “¡hola seña Rosa!, ¿usted dónde estaba, y con permiso de quién?, atrevida, se va para la calle y no avisa; ay mami… ¡voy a hacer lo mismo para ver si te va a gustar!”. Entre carcajadas me respondía que había pasado la tarde visitando a sus amigas, y bueno, ella tiene derecho a distraerse. Posterior a eso me senté a su lado y por un instante solo quería admirarla, cada detalle, cada expresión, cada arruga que no manifestaba más que sus años de experiencia y de lucha para salir adelante, convertirme en una buena mujer y a mi hermano en un gran hombre. ¡Agradecida estoy con Dios por la mujer que me puso de ejemplar!

Sus inicios; una lucha por superarse                          
Respiro profundo, me miro, me lanzó una sonrisa e inmediatamente su voz se empezó a quebrantar, su expresión reflejaba muchos sentimientos encontrados, se le veía feliz, pero a la vez nostálgica por recordar ese pasado duro, lleno de felicidad, pero a la vez, de arduo trabajo y esfuerzo para poder salir adelante y ser la mujer que hoy día es. Con cada palabra que ella pronunciaba me sentía aún más orgullosa; ver como luchó hasta el cansancio por darme a mí y a mi hermano todo lo que ella no tuvo, en mi interior solo me preguntaba cómo podía quejarme en ocasiones por no tener ciertos caprichos, que realmente eran innecesarios.

¿Cómo fue tu infancia?
Bueno… la verdad es que fue bastante bonita porque fue una época en la que no había tanta maldad, a pesar que carecí de muchas cosas materiales, tuve mucho amor de parte de mi familia y vivía en un pueblo pequeño, y pues, la vida mía fue emocionante.

¿Cómo eran tus padres?
Mami era bastante amorosa, dedicada a uno, pero Pérez si era bastante malgeniado, bastante seco, pero yo sé que nos quería porque él vivía bastante preocupado por nosotros, nunca nos faltó alimento y cuando nos enfermábamos ese señor buscaba donde fuera para llevarnos al médico y comprarnos la medicina.

¿Dónde vivías?
Nací en el Real del Obispo, un corregimiento de Tenerife Magdalena, ahí viví como hasta los ocho años, después me fui a plato, en plato estuve como un año y después de ahí me vine con mi abuela María la mamá de mi mamá para Fundación, y en Fundación viví hasta… ¡miércoles! ¿Hasta qué edad estuve yo en Fundación?... Estuve como hasta los 35 años yo en Fundación.
¿Hasta cuándo te casaste con mi papá?
No. Yo me casé con tu papa y viví unos años ahí, ya después de eso me vine y te traje a ti pequeña, de meses para El Copey.

¿Cómo era tu hogar?
Bueno, ya yo te dije que mi papá era bastante fregado, pero si había mucho respeto y compromiso tanto de mi mamá y de mi papá con nosotros, ya. Lo que nos faltó fueron cosas materiales, porque ajá, un hombre que tenía seis hijos, trabajando en el campo, y mi mamá ama de casa.  Sino que él era un hombre bastante recursivo; pescaba, hacia cultivos, buscaba la forma de no dejar que nunca pasáramos hambre. Pero lo demás si no nos lo pudo dar, los estudios y otras cosas materiales que nosotros no tuvimos.

¿Cómo era la relación que tenías con tus hermanos?
Mis hermanos a mí siempre me han visto con respeto, yo soy la mayor, yo puedo decirles a ellos lo que sea que ellos a mí no me contestan con groserías, tú sabes que es así, siempre han estado pendientes y me respetan mucho. Ellos me tienen admiración a mí porque a pesar de yo haber salido niña de la casa y haber empezado a trabajar tan jovencita yo ayude mucho a mis papás con la educación de ellos.

¿Con la educación de ellos?
Sí, yo trabajaba en una clínica como auxiliar de odontología, trabajaba en ventas y después comencé a trabajar como maestra bachiller. Y yo viajaba a Barranquilla y compraba ropa, accesorios, y, de allá de Bucaramanga me traían bolsos, correas; yo vendía eso, como trabajaba en una clínica donde iba la gente de prestigio en fundación, tenía muy buenas relaciones (carcajadas). Pues yo vendía bien mis productos, y ya cuando entre a la universidad tenía buenas ganancias y ya yo les podía ayudar a mis papás a pagarles el colegio a mis hermanos y ayudar con los gastos de la casa.

Mi creación; parte de mi historia
¿Cómo conociste a mi papá?
Bueno mi hermana nena, tú sabes que su esposo era policía y vino a prestar el servicio acá a El  Copey y mi hermana Gloria vino y conoció a tu papá que era vecino de la nena y se hicieron amigos y tu tía Gloria como siempre ha sentido ese respeto y esa admiración  por mí, dice ella, comenzó a hablarle le mí y ¡le ha mostrado una foto!, tú sabes que yo era bien linda, que me parecía a ti (carcajadas), lo único que nos diferencia es el pelo y que yo tengo más nariz, entonces el señor vio la foto y se enamoró de la foto. Y comenzó a llamarme por teléfono y me mandaba papelitos, cualquier día yo vine a El Copey, un 20 de enero, por cierto, vine a visitar a mi hermana y él trabaja para Chimila el no bajaba ese día y le tocó bajar a buscar unos papeles y tu tía Gloria me lo presentó, y nos hicimos amigos, al fin y al cabo, teníamos la misma profesión, yo estaba estudiando ya la licenciatura, iba bastante adelantada.

¿Cuánto tiempo duraron de novios?
Tres años, tres meses, veintitrés días exactamente. ¡Carajo muchacha! (carcajadas). Fue un noviazgo bastante bonito.

¿Tus hijos fuimos planeados?
Tú sí. Andrés Camilo no, yo me deje de cuidar porque el doctor me había dicho que yo no podía tener más hijos porque tenía problemas de prolactina, así que yo me deje de cuidar y bueno, la gente me decía que yo estaba embarazada porque me veían gorda, y yo les decía que no,  porque no podía tener más hijos, así que con Andrés Camilo tanta insistencia de la gente de decirme que me veía así, yo vine y me mande a hacer una prueba y salió positiva,  y ahí nació Andrés Camilo que es mi gran compañero, mi amigo del alma.

¿Cómo fue mi parto?
Bueno fue bastante traumático, se adelantó, se me presentó desprendimiento parcial de la placenta, me dio una fuerte hemorragia, casi morimos, tanto así que cuando a mí me trasladan de Fundación para Santa Marta, la doctora me dijo así sin anestesia sin nada que llamara a mi esposo y le avisara, es que yo no pensaba decirle a él porque él estaba trabajando acá en El Copey y la guerrilla hacia muchos retenes y yo no quería exponerlo, y me toco llamarlo porque la doctora me dijo “ la verdad aquí están corriendo peligro tanto usted como el bebé, o se muere usted,  o se muere el bebé,  o se mueren los dos. Eso fue lo que la doctora me dijo. Bueno, él vino y allá me dijeron que para ponerme a esperar los días que me tocaban, y él dijo que no porque de pronto se me podía presentar otra vez la hemorragia y podía morir yo ahí, y así que me hicieron la cesárea y pues naciste tú, tanto así que cuando el medico te recibe, el coge, te levanta, te mira y dice “¿usted tenía hijos antes?” y le digo “no, primero” “¿y usted qué quería?”,  “Yo quería una niña”  dijo “bueno, lo importante es que se salvaron y que están bien,  porque es un varón,  y yo dije “bueno, ya lo acepto es mi hijo”, cuando él te da la nalgada comienzas a llorar tú y él te voltea y dice “¡ay, es una niña, esta hijueputa tuvo nacimiento de macho!”.

¿Y tú qué hiciste mami?
 No, yo me alegre, porque ajá la gran emoción, yo quería una niña, el sueño mío era tener una niña. Después vino tu papá y entro y dijo “mira ve, ya tienes tu niña como tu querías”, y bueno, bienvenida fuiste.  Siento tanto amor por ti como por Andrés, son la razón de ser mía.

 Pero quieres más a Andrés
No, a los hijos se les quiere mucho, sino que Andrés es más apegado a mí que tú, vive más pendiente que tú y ya tú te fuiste para la universidad y el que está conmigo aquí es él, no es que yo quiera a uno más que otro, sino que él es más apegado a mí.

Mami, si existe alguna palabra con la que te defines, ¿cuál sería?
Que soy luchadora, y bastante entregada a mi familia. (carcajadas) yo soy cansona, ustedes dicen que soy cansona porque yo les hago ver las cosas malas a ustedes y como yo les digo que las cosas no están bien así o que hagan esto así, entonces yo soy cansona, ustedes a su papá no le van a decir que es cansón porque él no les dice nada para que ustedes digan eso, pero como yo sí sé, y no quiero que ustedes no vayan a servir. Y mientras yo tenga vida olvídense, que yo voy a seguir siendo cansona, y eso es para largo rato porque yo voy a vivir por muchos años. –¡Ame mami! Tengo que esperar a que tú seas profesional para irme a viajar contigo (carcajadas).

 ¡Ay que boba, estas esperando mi primer sueldo para hacer y deshacer con él!
¡Ay claro, para ir de “mamager” (manager) contigo!   
Me sentía más que satisfecha, había podido obtener más información de la vida de mi mamá, de mi polo a tierra, y aunque poco se lo digo, mi mejor amiga. A su vez, comprendí su historia que ya hacia parte de la mía; recordar cómo había conocido a mi progenitor, otra parte importante de mi vida, mi hombre imperfectamente perfecto, el que me apoya en todas mis locuras, mi alcahueta. Es inexplicable lo que sentí en ese momento, conocer mi llegada a este maravilloso mundo, parte de mi historia y lo que eso había causado en ellos. La felicidad que me transmitía era inigualable, mi piel erizada y mis ojos inundados lo reflejaban todo. Solo bastaba decir “Te amo momy”.


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